Carnes y aves2016-10-26T17:38:59+00:00

Un cuerpo desnudo, preparado para su salsa, listo para las rejas incandescentes, para olvidar la nostalgia del vuelo, el pasto en las montañas, listo para olvidar su pelo, su pezuña, sus pies palmípedos. Colocado así para el filo del acero, abierto en mariposa, desangrado o sangrante, preparado para las fauces omnívoras que miran incisivas. De repente se siente inmenso en su feliz holocausto y destella su grasa por las rejas negrísimas de tantos otros cadáveres.