La historia increíble del recetario de Alcántara

¿Qué modo de saquear?… En una palabra, la paja de los caballos, las gallinas del corral, los huevos, hasta unos tomates que tenía yo guardaditos en mi escritorio para hacer un gazpachito… todo, todo se lo llevaron. El pueblo está muerto de miseria, y yo sé de mucha gente que echó la harina en los muladares para que los franceses no se la llevaran.

Benito Pérez Galdós (Bailén. Los episodios nacionales)

Sábalos et albures et la noble lamprea
de Sevilla et de Alcántara venían a levar prea,
sus armas cada uno en don Carnal emprea,
non le valía nada de çeñir la correa.

Arcipreste de Hita (El libro de buen amor)

La historia del recetario de la orden benedictina de Alcántara, pueblo de Cáceres, durante las invasiones napoleónicas es digna de contar.

Se dice que al comienzo de la campaña de Portugal en el año 1807, la biblioteca del convento fue saqueada por los soldados de Napoleón que no dejaban absolutamente nada en pie. Entraron en la biblioteca del convento y utilizaron todos los manuscritos de los frailes para envolver la pólvora y fabricar cartuchos. En plena efervescencia militar, un alto mando observó un manuscrito que parecía ser un recetario de cocina en el que los frailes habían ido apuntando sus recetas y sus guisos. Al comisario de guerra que lo encontró se le iluminó la cara; se lo regalaría a “la Generala”, la mujer del general Junot, militar al mando de la campaña. El general recibió el manuscrito y se lo entregó a su esposa Laura que, más adelante, lo incorporaría a su propio recetario, modificando algunos ingredientes en las recetas originales como las perdices, que cambiaron su paté ibérico por el foie francés. Este legado todavía aparece reflejado en la gastronomía francesa como el faisán al modo de Alcántara, por ejemplo. En este mismo recetario de los monjes de Alcántara, se cocina todavía en España el bacalao al estilo monacal, que es una comida de penitencia (ahora comprendo yo el misticismo y el ascetismo religioso, si eso es penitencia).

Las recetas de estos monjes son de muy sencilla elaboración a base de materias primas básicas: leche, almendras, huevos, patatas y bacalao, y es que los monjes de San Benito eran unos grandes agricultores, ganaderos, cazadores y cocineros. Según leemos, recopilaron también métodos de cocina muy interesantes en aquella época y recogieron, asimismo, diarios de trabajo y técnicas de cultivo entre otras muchas cosas; no en vano, tienen ocho horas para trabajar, ocho para rezar y ocho para descansar: ora et labora.